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Paseos - Reserva de Biosfera de la Humanidad PDF Imprimir E-mail
Indice del artículo
Paseos
La Ruta 16
Lagunas
Laguna de Castillos
La Quebrada de los Higuerones
Reserva de Biosfera de la Humanidad
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RESERVA DE BIOSFERA DE LA HUMANIDAD

La Reserva de Biosfera Bañados del Este comprende la cadena de lagunas, bañados y esteros del departamento, que se extienden paralelos a la costa atlántica. Por su extensión e importancia biológica, conforman el principal ecosistema de humedales del territorio y revisten interés mundial por su carácter único.

Conforma la mayor reserva genética de avifauna del país, a la que se suman numerosas especies de aves migratorias que buscan alimentación y reposo en playas y pajonales, muchas de las que corren riesgo de extinción.

Estas lagunas poseen una importante fauna ictícola que dan lugar a la pesca artesanal, realizada por comunidades de pescadores que, asentadas en las cercanías desde hace varias décadas, coexisten en cierta armonía con el ecosistema y constituyen un atractivo en sí mismo para turistas y visitantes.

La densa red fluvial que desemboca en las lagunas, es bordeada por espesos e interesantes montes indígenas, en los que abundan mamíferos como nutrias, carpinchos, lobitos de río, manos peladas, zorros y gatos monteses. En campos y llanuras pueden divisarse ñandúes en abundancia.

Los montes de ombúes, de higuerones y las casi 70.000 hectáreas de palmares que hay en la Reserva, además del gran valor escénico que dan al entorno, constituyen un hecho excepcional: es el único lugar del mundo en que estas especies se encuentran en tal concentración.

     

CENICIENTAS CABELLERAS DOMINAN EL PAISAJE

Miles y miles de palmeras varias veces centenarias, conforman un paisaje único e irrepetible, en estos bosques que ocupan unas 70.000 hectáreas de los departamentos de Rocha y Treinta y Tres y alcanzan su máxima expresión en los palmares rochenses de Castillos y de San Luis.

A pesar de su aspecto exótico y tropical, la palmera butiá capitata, es autóctona del Uruguay y sur del Brasil. Pero las dimensiones y densidad que alcanzan las agrupaciones formadas en nuestro país, son únicas.  Esta especie se distingue de otras palmeras, por el color verde ceniciento de sus hojas compuestas. Cada butiacera tiene hasta 25 de esas pínulas que miden entre dos y tres metros. Sus troncos alcanzan un diámetro de 60 cm y una altura de hasta 9 metros. Sus frutos, que se presentan en racimos, son pequeños "coquitos" anaranjados, de sabor agridulce a los que los lugareños dan múltiples usos. Algunos de éstos son comercializados en puestos a los lados de la ruta 9: la tradicional caña con butiá, la miel de coquito - producida del hervido con azúcar -, café de coco - de sus semillas tostadas y molidas -. También se utiliza como alimento para cerdos, ya que da a la carne un sabor y aroma especial. Las hojas se emplean como forraje para el ganado en tiempos de sequía y la fibra que de ellas se obtiene, se destina a rellenar colchones y fabricar felpudos y esteras.

El palmar de mayor densidad es el de Castillos, zona ganadera, donde se agrupan 500 ejemplares por hectárea. El de San Luis, zona arrocera, es un palmar más ralo y está menos conservado.

Su extraordinaria belleza no es sólo un lirismo, sin embargo, esta maravilla corre riesgo de extinción. El envejecimiento del palmar es dramático, su edad estimada oscila entre 200 y 300 años. La posibilidad de regeneración natural está invalidada por las formas intensivas de producción agrícola - fundamentalmente del arroz -, y ganadera, ya que el ganado se come las plantas jóvenes.

La preservación del palmar es un desafío económico, cultural y paisajístico.



 

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